Agricultura ecológica como norma, no como alternativa


Artículo escrito por Carlos Suárez Suárez

Agricultura Ecológica como norma no como alternativa en ECO

Son muchos los casos en los que se ha demostrado la eficiencia y el buen comportamiento de la agricultura ecológica frente a la industrial. Sus productos, además de estar tratados con productos totalmente naturales, se cultivan en parcelas más pequeñas y en mayor variedad, lo que aporta a la tierra un nivel mayor de nutrientes y una mejor regeneración (que casi no se produce en la agricultura industrial). El término, que puede sonar totalmente novedoso y acorde con la época actual, no tiene nada de nuevo, no hay prácticamente ninguna diferencia entre la actual “agricultura ecológica” y la agricultura que practicaba mi abuelo en pequeñas parcelas en la isla de La Gomera. Estas técnicas de cultivo fueron pasando de padres a hijos, se enseñaba a que tierras se debían dejar “descansar y respirar”, que cultivos eran buenos para regenerar la misma y de paso alimentar en el hogar o utilizar como forraje para los animales. Era la “cultura” de aquella época, poca gente era la que sabía escribir o leer con soltura, pero sabían interpretar y entender la tierra y su entorno, que plantas utilizar, observar el cielo y ver los cambios para “predecir” el tiempo a su manera.

De todo esto, la agricultura ecológica hereda la parte del buen trato a la tierra, utilizando en ella compost[1] caseros y fertilizantes poco o nada dañinos para el suelo. Usando el agua de una forma más ecológica y eficiente, y produciendo alimentos con semillas “independientes” de las grandes corporaciones, libres de transgénicos, de fechas de caducidad y aportando un sabor más natural y rico a todos los alimentos. Hay que defender este tipo de agricultura por que ante todo y sobre todo es de calidad y no de cantidad. Porque respeta al campesino, da un mayor número de puestos de trabajo y con ello mejora la situación social de las regiones donde se practica.

En un mundo alocado, donde el acaparamiento de tierras crece a ritmos exponenciales, ya sea para el cultivo de maíz o trigo para generar biocombustibles (como bien comentaba nuestro compañero Julio Mejías en su artículo “Biocombustibles ¿Si o no?”) o para producir alimentos de forma masiva y poco respetuosa, como es el caso de algunos países en el continente africano, donde se está desplazando a la población local de sus tierras de cultivo para encontrarse con el hambre y la miseria.

En España ya se pueden observar algunos casos donde se está demostrando que la agricultura ecológica no solo es capaz de generar una agricultura sana y productiva, si no que además genera un buen margen de beneficios a quien la practica[2]. Además, este termino de “ecológico” lo podríamos aplicar en los mismos términos a la pesca y a la ganadería, con el fin de ser menos destructivos con ambas.

Es por todo ello que debemos conseguir que la agricultura ecológica se convierta en la norma y no en la alternativa.


[1] El compost, composta o compuesto (a veces también se le llama abono orgánico) es el producto que se obtiene del compostaje, y constituye un “grado medio” de descomposición de la materia orgánica, que ya es en sí un buen abono. Se denomina humus al “grado superior” de descomposición de la materia orgánica.

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2 pensamientos en “Agricultura ecológica como norma, no como alternativa

  1. Muy buen post que debiera hacer reflexionar,sobre todo a la gente que demanda productos de calidad,sin preguntarse el porqué de la existencia de productos malos.

    La calidad debería de ser un derecho y no un privilegio.
    Démosle una oportunidad a una agricultura ecologica que nos devolverá unos alimentos saludables y un mayor equilibrio en la sostenibilidad de los recursos del planeta.

    Un saludo.

    • Diego, muchas gracias por el comentario y perdona por la tardanza en contestar. Tenemos que empezar a defender un modelo económico y agricola sostenible. La agricultura, la ganadería y la pesca son el sustento y la base de nuestra alimentación y es primordial contar con una alimentación sana y de calidad. En este siglo nos hemos basado en que un país puede descuidar sus recursos con el fin de crecer mayormente en torno al sector servicios y en algunos casos con algo de razón. Pero no podemos dar de lado al principal motor de cualquier civilización, sin alimentación no hay, sencillamente, ni industria, ni servicios y si destrozamos nuestros suelos o terminamos con miles de variedades de cultivo, estaremos, simplemente, cavando nuestra propia tumba.

      Un saludo y a ver si te animas a escribir otro artículo pronto.

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