La economía como sistema abierto: de la disociación a la integración (1ª parte)


Artículo escrito por Federico Aguilera Klink

Federico Aguilera Klink en ECO“El hombre (…) debería mirarse a sí mismo no como una parte separada y distinta, sino como un ciudadano del mundo, como un miembro de la vasta comunidad de la naturaleza (…) Cualquier cosa que le concierna debería afectarle no más que todo aquello que concierna a cualquier otra parte igualmente importante de ese inmenso sistema”.

Adam Smith. Historia de la Astronomía (1795 )

“…la crisis ecológica es sobre todo una crisis de nuestra relación con la Naturaleza. La medida en que la Naturaleza necesita curación guarda una proporción directa con la medida en que nuestra conciencia de la Naturaleza está enferma”.

Jeremy Naydler. Introducción a Goethe y la Ciencia (2002)

INTRODUCCION

Esta reflexión de Adam Smith sigue siendo, en la actualidad, un deseo y, como mucho, un programa de investigación minoritario en el ámbito académico de las Facultades de Economía y de la Universidad. Tampoco es algo que preocupe a los políticos y a los gobiernos, a pesar de haber creado ministerios de Medio ambiente como expresión de una preocupación, más ficticia que real, por los temas ambientales. Desde luego, si esa preocupación fuera real tendrían claro que lo relevante no es crear un Ministerio de medio ambiente sino cambiar en profundidad los demás ministerios, empezando por el de Economía, y siguiendo con los de Industria, Obras Públicas, Agricultura,…etc. Eso sí sería una expresión clara de preocupación por el medio ambiente, por las personas y, también, por la economía.

Pero nuestros políticos y gobernantes siguen queriendo ignorar que la economía es un sistema abierto a, y en interacción contínua con, el sistema ambiental, es decir, con los flujos biofísicos (energía y materiales). Como, a su vez, la economía no es nada más que un 1 Conferencia impartida en Carmona (Sevilla), en el Curso de Verano sobre Economía Ecológica. Universidad Pablo de Olavide. Septiembre 2009. subsistema del sistema social, al final lo que ocurre es que hay una interacción y una interdependencia inevitable entre lo social, lo económico y lo biofísico o ambiental.

Sin embargo, la economía que se enseña en la Universidad es una economía de sistema cerrado, que ignora las interacciones anteriores y que, en consecuencia, legitima la práctica de una economía que genera unos elevados e inevitables costes sociales (a los que apenas se presta atención), ejerciendo un contínuo deterioro sobre el medio ambiente y sobre la salud de las personas.

Se puede pensar que es cuestión de tiempo el que los conceptos de la economía de sistema abierto, expresados en el cuerpo de conocimiento que es la Economía Ecológica, vayan ganando terreno debido a que proporcionan una explicación intelectual más relevante y valiosa de la realidad. Y quizás sea así. Sin embargo, la superioridad intelectual para comprender y resolver problemas reales y urgentes no parece ser algo que interese demasiado ni en la Universidad, ni en el ámbito empresarial, ni en el ámbito político. La prueba es que la Economía Ecológica lleva ya tiempo proporcionando explicaciones y soluciones relevantes que son contínuamente ignoradas porque cuestionan la manera habitual de ver, de decidir y de hacer las cosas.

Por eso entiendo que las dificultades para consolidar una economía abierta, tanto en la teoría como en la práctica, no tienen que ver sólo con la existencia de intereses empresariales, políticos y académicos mezquinos y estrechos, sino con la incapacidad mental y psíquica, pacientemente construída, en parte, por los citados intereses, para atrevernos a ver dónde vivimos y para entender por qué seguimos practicando una economía y una manera de vivir, que legitima y considera como normal el ejercicio cotidiano de la violencia sobre las personas y sobre el planeta (en términos de malas condiciones de trabajo, contaminación creciente, bajos salarios y trabajos estúpidos) y que nos lleva, inevitablemente, a la destrucción del planeta y al suicidio como especie.

En definitiva, el trabajo intelectual es muy importante pero es necesario tener claro que nunca será suficiente para convencer a personas cuyos intereses son cuestionados, ni a personas que han aprendido pacientemente a aceptar que esta forma de vida es normal, sin preguntarse cuáles son las implicaciones de ella ni cuáles son los costes reales de vivir así, ni quién los está pagando. Hace falta, en consecuencia, un despertar psíquico y colectivo que nos permita tomar conciencia de cómo vivimos, de por qué vivimos así y de que hay otras maneras de hacerlo. La pregunta clave es si tendremos inteligencia o capacidad para llevar a cabo ese despertar.

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