Monsanto o la historia de una mala beatificación


Artículo escrito por Carlos Suárez Suárez

Probablemente su fundador no llegara a imaginar ni en su peor pesadilla (o tal vez si) el gigantesco imperio alimenticio que estaba creando cuando fundó su empresa en San Luis, Misuri. Monsanto nació como una pequeña empresa que proporcionaba sacarina y endulzantes a distintas compañías, entre ellas se puede destacar a la conocida marca de refrescos Coca Cola.

 

Esta pequeña empresa, como muchas en la época, aprovecharon el auge de las corporaciones a principios del siglo XX y sus redes se extendieron entonces a la fabricación de plásticos y “otros derivados” del petróleo. Ya por los años 40, Monsanto había crecido de una forma considerable, ser fabricante de plásticos y derivados del petróleo, muy demandados durante la Segunda Guerra Mundial, le reportaría beneficios para convertirse en una empresa puntera en EE UU. Pero, sería en otra guerra donde uno de los productos de Monsanto (en conjunción con otras empresas petroquímicas) empezaría a cobrar “fama”. Durante la Guerra de Vietnam Monsanto trabajó y ayudó en el desarrollo de lo que se conoce como el “Agente Naranja”, un poderoso herbicida que erradica la vegetación que encuentra a su alrededor, las grandes cantidades de este herbicida esparcidas por la selva vietnamita fueron responsables, nada más y nada menos, que de la muerte de 400.000 vietnamitas, más de 500.000 nacimientos con malformaciones, diversas bajas y  graves problemas de salud en soldados norteamericanos y además, erradicó y afecta aún hoy en día a grandes hectáreas de selva en la Península de Indochina. Lo preocupante de este dato es que además de en la Guerra de Vietnam, el “Agente Naranja” se utiliza en la actualidad para la eliminación de cierto tipo de cultivos en Colombia, con la repercusión que tiene el mismo en la salud humana y de los suelos.

Las acciones de esta empresa con nombre pontífice no se detienen en este peligroso herbicida, continúan en el futuro con nuevas tácticas y acciones. Después de probar con herbicidas, Monsanto volvió a la acción con edulcorantes en los años 70-80, surgiendo así el aspartamo (E-951). Según la Administración de Alimentos y Drogas (FDA, por sus siglas en inglés) de EE UU, su ingesta es totalmente segura y no conlleva ningún riesgo para la salud, pero desde sus inicios este edulcorante nació con polémica y la misma se ha mantenido en el tiempo, ya han sido 4 investigaciones científicas las que han aportado datos de que este edulcorante puede ser responsable de diversas enfermedades así como de varios tipos de cáncer. Todas estas investigaciones han sido acalladas bien por el FDA o por Autoridad Europea para la Salud Alimentaria (ESFA, por sus siglas en inglés), por lo que el aspartamo se consume con normalidad en 90 países hoy en día.

No contentos con todo lo anterior y en sus propósitos para el “bien de la humanidad” y mientras se iba construyendo un nombre como gran multinacional en el negocio de la alimentación, Monsanto empieza a producir la hormona del crecimiento o somatotropina bovina (rGHB). Esta hormona de crecimiento, que forma parte de la alimentación habitual  de muchas personas en varios países del globo provoca que la leche de vaca esté cargada de antibióticos para evitar enfermedades en las ubres de las vacas, esta “sobrecarga” de antibióticos en conjunción con otras afecciones que puede provocar el tratamiento genético con hormonas, no está bien visto por toda la comunidad que tiene que consumirla. Debido a ello, han surgido varios conflictos en EE UU por los que finalmente se ha terminado identificando la leche que se produce a través de estos animales, diferenciándola así, de la que no contiene la hormona.

La penúltima historia de este pequeño resumen de “éxitos” de la compañía, nos devuelve al mundo que le hizo saltar a la fama, en este caso, en forma de pesticida. El Glifosato, comercializado bajo la marca Roundup, al que Monsanto calificó de forma abierta como “biodegradable”, le ha costado un poco más de reputación a la compañía. Diversos estudios no sólo han probado que no es biodegradable, si no que además es muy persistente en el suelo y puede estar relacionado con casos de graves enfermedades e incluso cáncer. Este compuesto es el herbicida más utilizado en EE UU.

Pero, Monsanto no se dedicó sólo a desarrollar herbicidas y edulcorantes. En la actualidad se encuentra a cargo del principal monopolio de semillas transgénicas del mundo, semillas que producen alimentos tratados genéticamente, cuyo consumo no está recomendado, ni permitido en la UE, a excepción de España y Rumania. Estas semillas transgénicas son responsables del aumento de abandono de tierras por parte de campesinos locales en países subdesarrollados, que no pueden asumir la deuda de comprar semillas modificadas cada año. Al mismo tiempo, también son responsables de la desaparición de muchísimas variedades de semillas locales y endémicas que se han ido adaptando durante cientos de años a zonas, poblaciones y culturas concretas. Monsanto ha creado el paraíso del monocultivo, paraíso muy bien recibido por la Bolsa de Chicago, donde fluctúan a diario los principales valores alimenticios, mientras mucha gente del globo muere de hambre por no poder acceder a los cereales necesarios parta vivir.

Este, es el aporte “Santo” de Monsanto, una pequeña empresa de San Luis, Misuri, que ahora, ni tan pequeña, ni tan “Santa”, colabora con la destrucción de la agricultura y de la salud humana. 

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